viernes, 9 de septiembre de 2016

LA HISTORIA DE UN MIGRANTE SALVADOREÑO

Mi nombre es Jorge, tengo 39 años y soy de El Salvador.

Ingrese al ejército a los 15 años, pues mi padre era obrero y no alcanzo a darme estudios, apenas logre el noveno grado. Cuando mi padre muere el hogar quedó totalmente a manos mías, y ahí fue cuando tuve que meterme al ejército en plena guerra...una guerra que peleábamos si ningún fundamento...todos nos matábamos entre sí. Estuve 5 años en el ejército. Desde el 85 que empezó la guerra hasta el 90 que fue la última ofensiva del Salvador donde hubieron tres mil o cuatro mil cadáveres.

Después cuando salí del ejército yo sentí que no podía trabajar de otra cosa y me metí de guardaespaldas ganaba ciento veinticinco dólares mensuales, después ingresé a la Policía Nacional Civil del Salvador por 9 años. Fui destituido junto con otros compañeros por que según nuestro jefe no actuamos de la manera correcta en un encuentro con mareros. Total, cuando me destituyeron me dijo mi jefe: tenés dos opciones, buscar otro empleo o te hacés delincuente, y yo le dije, sí, usted tiene toda la razón. Yo agarrar un fusil, una pistola para cometer un delito no me cuesta nada, pero le digo, tengo dos hijos y mi esposa y siempre dije que yo sería un buen ejemplo. Por ello fue que al no encontrar empleo, mejor dije: me voy.

Salí del Salvador un día martes 4 de abril del presente año a las 6 de la mañana, mi esposa e hijos derramaron lágrimas por nuestra separación, todos estábamos conscientes del riesgo de un indocumentado: Primero lo pueden detener, meterlo preso y deportarlo. Segundo, lo pueden asaltar, quitarle la vida. Tercero, con suerte, puede llegar a los EU. Pero consciente de la travesía empecé con mi hermano mayor Eduardo y en un día completo llegamos a un lugar llamado Tecún Uman y ahí comenzamos a conocer los sinsabores de un inmigrante, eran como las 8 de la noche, nomás nos bajábamos del autobús y nos abordó un sujeto que le dicen el Chapín, el nos prometió pasarnos por un río que divide México y Guatemala por un precio de 150 quetzales, y al ver que no teníamos alternativa pues le aceptamos, pero este sujeto nos dejó abandonados.

Caminamos desde Tecun Uman hasta Arriaga, son 11 días de camino, huyendo de lo que son policías, ladrones, militares y migración.

Después de largos viajes en tren llegamos por la madrugada a Matías Romero, yo estaba queriéndome dormir, en eso llegan dos uniformados. Pantalón negro, camisa azul. Traían un gorro pasamontañas. Y nos dicen: bueno güey, móchense o se van del tren. Somos autoridad; ¿pero qué son ustedes?; somos autoridad. Les digo: no traemos dinero, a lo que uno de ellos me contesta: no es mi problema, si no tienes dinero te bajas. Sólo tengo tres pesos, es lo único que tengo para tortillas, les digo. Pues cáete con los tres pesos, no importa, dámelos. Se los entregué a pesar de que eran para comer y me dice: bueno, sigue en el tren.

El viaje continuo con muchas complicaciones, llegando a las afuera de Tierra Blanca dos policías uniformados de azul, creo que eran municipales, se subieron al tren en el que veníamos como unos doscientos inmigrantes...estos muchachos sacan sus pistolas y gritan ¡Todo el mundo bájese del tren! O se mueren, apúrense. Todo el mundo empieza a tirarse, el tren seguía con algo de velocidad hermano, oiga bien, en ese momento se escucha ¡plun, plun plun!, y de repente unos gritan ¡hey le cortó la mano!, era un niño como de diez años al que el ferrocarril le mutiló el brazo por tirarse asustado al ver a los policías que venían con las pistolas.

Ya eran más de un mes de camino cuando en San Luis Potosí agarramos un taxi...quizás es el único taxista de buen corazón que yo he hallado en el viaje. Lo paramos y todos sucios nos metimos al carro, nos dimos cuenta que se nos pego una patrulla y el taxista por todas las cuadras fue tratando de huir de los policías. Por suerte el taxista alcanzó a dejarnos en una esquina y nos dijo: tírenme 20 pesos ahí es la casa del migrante córranle para que no los agarren.

A pesar de que me han robado, me han asaltado, mi sed sigue adelante de algo legal de algo limpio, de algo puro, algo que me cueste a mi...es decir, si voy a tener mi casa algún día, me tiene que costar a mí, quiero pagarla con lo mío.

Mi sueño es llegar a EU trabajar mandarle dinero a mi familia, mandarle a mi hijo su celular, mandarle a mi hija su pastel y enviarle a mi esposa para la renta de la casa. Sin que mi esposa se haga prostituta, sin que mi hijo se haga pandillero, sin que mi hija se pierda.
viernes, 9 de septiembre de 2016